miércoles 10 mayo 2006

La tía del cartel (3)

Llevaba puestas unas enormes gafas de sol. Se apoyaba en la barra de la cafetería con el codo. Supongo que para no caerse del alto taburete donde se había encaramado. De cerca, la tía despampanante del cartel era una Nancy. Abrió una pitillera del todo a cien y sacó un cigarrillo. Lo sostuvo unos segundos en los labios. Sin encender. En silencio.
-¿Vas a darme fuego o esperas un golpe de calor?
-Disculpa -dije.
Antes de que pudiera sacar el mechero del bolsillo, donde jugaba al escondite con mis dedos, el camarero cruzó la barra de punta a punta y chasqueó un zippo reluciente delante de mi nariz. Me miró como quien mira una caca de perro.

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Una buena chica (2)

Le acababa de lanzar la pregunta sin venir a cuento. Ahora la pregunta flotaba en el denso humo de tabaco que inundaba el local. Hacía unos cinco minutos que el Sr. Mierda había pasado por nuestro lado con el gesto de enfado de un personaje de dibujos animados. Un tipo ancho, de traje claro y jersey de cuello vuelto, le abrió hueco entre el barullo de gente. Los seguía de cerca el tipo de pelo largo. Había cambiado su vestuario de los años 70 por otro de una década anterior. Éste nos miró al pasar a la chica y a mí. En una fracción de segundo, su mirada pasó del "hola preciosa" al "¿qué diablos haces aquí?"

La chica levantó su vaso de la mesa y dio un sorbo.

-No debería -dijo-. Me da gases.

Dicho y hecho. Eructó.

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El scoop del Sr. Mierda (1)

Tenía al Sr. Mierda delante. Se encontraba tras la barra. Preparaba dos cafés en la máquina exprés en completo silencio. El tipo tendría unos cincuenta años y se conservaba en buena forma. Tenía la camisa abierta. Hombros anchos y pecho poderoso. Sin las arrugas y las canas hubiera pasado por alguien más joven. Esparcí una mirada por el interior del local. A mi espalda tenía una imitación de un desnudo de Modigliani. La modelo tenía su sexo a la altura de mi cogote.

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