domingo 13 mayo 2007
En Negro en el Teatro Alcalá: 30 y 31 de mayo
Por reporter, à 20:39 :: Reporter
Yo no me quejo. Ahora paga mejor. Sigo promocionando la aventura teatral de su chica. De vez en cuando también escribo alguna crónica de sucesos para mi periódico. No lo necesito. Pero es un vicio como otro cualquiera y ahora tengo cerca las fuentes. El director del periódico está contento con mi trabajo. Le encanta, sobre todo, la atmósfera sucia de mis crónicas. Hiperrealistas, dice.
Pero vamos a lo que vamos. Y vamos a En negro. Escribí una nota de prensa. La obra está basada en el Sr. M y su chica. También andan por ahí sus dos matones. La nota de prensa tiene el visto bueno del Sr. M. Me sonrió al leerla y me castañearon los dientes. Por un momento, pensé en el autor de la obra. También le sonrió a él antes de que sufriera el accidente. Pero era una sonrisa distinta la que me ofrecía a mí. De resignación. Su chica se había encaprichado de la historia.
En Negro recrea el ambiente del cine negro en torno a una salida de emergencia en la que el cartel de exit no deja de ser una ironía. Dos tipos con un encargo: matar al amante de la mujer del jefe. Una espera desesperante y una duda: quizás uno de los dos sea ese hombre y el otro su eventual asesino. Dos mujeres enfrentadas, la cantante del club y la novia embarazada de uno de los tipos. Un marido mafioso, dueño del club, que descarga su rabia y sus celos de una manera sorprendente y cruel (creo que el accidente del autor tuvo mucho que ver con esto). Y una canción recurrente que sobrevuela toda la obra. Y humo de tabaco. Mucho humo entre luces y sombras expresionistas.
En Negro, ambientada a finales de los años 70 y con una música compuesta especialmente para el montaje, es una historia de traición y de pasiones, de amor y celos, en el que las palabras suenan como disparos. Una historia de criminales en torno a la reconstrucción del arquetipo de mujer fatal.
Una película en directo"Hemos intentado que el espectador se sumerja en una película -afirma el director de la obra, G.G. López-. Una película que está sucediendo en directo, preñada de la magia teatral del aquí y ahora". Los personajes de En Negro no tienen nombre. Pero podrían llamarse Tony Camonte, como el jefe mafioso de "Scarface" o Cody Jarret, como James Cagney en "Al rojo vivo"; O Ava (Gardner), o Bárbara (Stanwyck), o Lauren (Bacall), o Rita (Hayworth), arquetipos de mujeres fatales todas ellas.
Como las películas del género, En Negro es una historia fragmentaria, llena de incertidumbres y ambivalencias morales. Bajo su estética expresionista, busca la complicidad del espectador para completar el sentido del texto. "Más allá del género -añade el autor, Gustavo Montes-, En Negro es una historia de seres solos, prisioneros de una maldición dialéctica: la necesidad de comunicar y la incapacidad para hacerlo".
Vuelve "En Negro" y lo hace dentro de la V Muestra de Teatro Iberoamericano que organiza el
Hoy me levanté envuelto en sudor. Soñé con la cantante del local. Aparecía sola en el escenario. Agarraba el micrófono con las dos manos. Lo sostenía con una exagerada suavidad, como si fuera algo muy frágil y la más leve presión pudiera hacerlo estallar en mil pequeños fragmentos. No sonaba la música, pero comenzó a cantar. Había un eco triste y cansado en su voz. Tenía los labios húmedos de carmín. Me acerqué a los pies del escenario. Alargó una mano para acariciarme la cara y, de repente, comenzó a vomitar. Restos de comida y de alcohol corrian por la comisura de sus labios y por mi camisa. Me sonrió antes de darse la vuelta y desaparecer. Su voz seguía sonando mágicamente, pero ahora como un murmullo. Un murmullo viscoso.
La noche del jueves 8 de junio el Sr. Mierda se pilló el cabreo más gordo de su vida. Yo, al menos, nunca lo había visto así. Acababa de cerrar un negocio con un comprador de arte. Su mujer hacía rato que había bajado del escenario. Fumaba y bebía recostada en la barra del bar. Sola. Él no le había quitado los ojos de encima en ningún momento. Ni siquiera cuando el comprador le extendió la mano para despedirse. Se la estrechó sin ganas, sin mirarlo si quiera. Normalmente, cierra los negocios mirando teatralmente a los ojos, como un púgil ante un adversario inferior. No dejaba de vigilarla. Era una gilipollez, nadie hubiera osado acercarse a la mujer del Sr. Mierda sin estar él a su lado. Todo el mundo conocía el exceso de celo con el que la guardaba que, incluso, se había exacerbado en los últimos tiempos. Ella siempre estaba sola. Rodeada de gente y sola.
Soy un cronista improvisado. A mí no me contrató el Sr. Mierda para esto. Es más, creo que no le gustaría que hablara de lo que no debo. Pero no lo puedo evitar. La fama de bocazas me precede. La primera función de En Negro se saldó sin víctimas. Fue casi un milagro. El tío Oscaronne se paseaba exhibiendo su 38 corto a diestro y siniestro mientras preguntaba por la contraseña. La aparición proverbial de algunas chicas que llamaron su atención -y a las que se dedicó en cuerpo y alma- evitó que alguien saliera herido. Corrió el alcohol y las botellas se acumularon en la barra del local ante la torpeza del camarero, un tipo al que se le notaba de lejos que estaba más acostumbrado a usar la pistola que el abridor. Llegó gente de diferentes rincones. Gente de diferente calaña. Buenos y malos tipos.
Le acababa de lanzar la pregunta sin venir a cuento. Ahora la pregunta flotaba en el denso humo de tabaco que inundaba el local. Hacía unos cinco minutos que el Sr. Mierda había pasado por nuestro lado con el gesto de enfado de un personaje de dibujos animados. Un tipo ancho, de traje claro y jersey de cuello vuelto, le abrió hueco entre el barullo de gente. Los seguía de cerca el tipo de pelo largo. Había cambiado su vestuario de los años 70 por otro de una década anterior. Éste nos miró al pasar a la chica y a mí. En una fracción de segundo, su mirada pasó del "hola preciosa" al "¿qué diablos haces aquí?"
Tenía al Sr. Mierda delante. Se encontraba tras la barra. Preparaba dos cafés en la máquina exprés en completo silencio. El tipo tendría unos cincuenta años y se conservaba en buena forma. Tenía la camisa abierta. Hombros anchos y pecho poderoso. Sin las arrugas y las canas hubiera pasado por alguien más joven. Esparcí una mirada por el interior del local. A mi espalda tenía una imitación de