lunes 12 junio 2006
Historia de un beso
Por reporter, a las 10:05 :: Reporter :: #16 :: rss
La noche del jueves 8 de junio el Sr. Mierda se pilló el cabreo más gordo de su vida. Yo, al menos, nunca lo había visto así. Acababa de cerrar un negocio con un comprador de arte. Su mujer hacía rato que había bajado del escenario. Fumaba y bebía recostada en la barra del bar. Sola. Él no le había quitado los ojos de encima en ningún momento. Ni siquiera cuando el comprador le extendió la mano para despedirse. Se la estrechó sin ganas, sin mirarlo si quiera. Normalmente, cierra los negocios mirando teatralmente a los ojos, como un púgil ante un adversario inferior. No dejaba de vigilarla. Era una gilipollez, nadie hubiera osado acercarse a la mujer del Sr. Mierda sin estar él a su lado. Todo el mundo conocía el exceso de celo con el que la guardaba que, incluso, se había exacerbado en los últimos tiempos. Ella siempre estaba sola. Rodeada de gente y sola.Una chica se acercó a ella. Tuve la impresión de que iba a pedirle un autógrafo o felicitarla por la actuación y me dio pena. Recordé el hiriente desdén con el que en todas las ocasiones en que yo había estado presente había tratado a otros admiradores. Sin embargo, esta vez sonrió (no tenía una sonrisa bonita). Le hizo gestos para que se acercara como si fuera a decirle algo al oído y la besó. Un beso largo, con lengua, que no se terminaba nunca. Me dio envidia.
El Sr. Mierda asistió atónito al beso. Ni siquiera hizo ademán de acercarse. Si hubiera sido un tío, ahora andaría mordisqueado por los bichos en alguna charca espesa de purines.
Cuando la lengua dejó de lamerle los labios, la chica la miró más atónita que el Sr. Mierda. "Bueno, adiós", susurró. De nuevo sola, ella le dio una última calada al cigarrillo antes de buscarle un hueco libre en el cenicero donde se apelmazaban las colillas. Creo que la vi sonreir de nuevo. No tenía una sonrisa bonita.